...diVagar...diVagar...

Mostrando las entradas con la etiqueta Alucinadas. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Alucinadas. Mostrar todas las entradas

288

sábado, 29 de marzo de 2008

Es verdad, un regalo va más allá que la envoltura. Pero es un detalle bonito esmerarte en ponerle un buen envoltorio en vez de un papel periódico cualquiera.
Quién diría que por el envoltorio un regalo puede variar su dimensión en significado.
Así que el argumento de lo que importa es el fondo y no la forma...no ayuda.

288

Mamacita

domingo, 28 de octubre de 2007

Quiero una esposa así...

(soñar no cuesta nada)

La Fila

jueves, 23 de marzo de 2006


- Por favor haga su fila aquí. Me dijo una hermosa señora negra
- Pero yo no me suicidé, ni siquiera sé cómo llegué aquí...
- Ud. se suicidó, porque se tiró a un despeñadero de más de 5000 metros de altura
- No señora, yo sólo estaba orinando y me apoyé a una gran pared blanca...
- Ja! no era pared blanca, era neblina...tiene razón, usted no se suicidó; entonces, haga su cola en aquella fila de los "muertos estúpidamente"...
Volteé a mirar aquella fila que su índice señalaba. Era inmensa, fácil y eran 8 cuadras.
Caminé hasta la última posición.
Fue una espera divertida charlando con el gordo desnudo, la niña que no paraba de defecar condones con coca y la rubia que tenía un cartel de "Te amo Joaquín Sabina" con un whisky envuelto en moño de regalo.

Niña

jueves, 2 de marzo de 2006


- ¿Señor hasta donde va usted? me dijo el cobrador
- Voy a Santa Rosa nomás, contesté
- ¿Podría arrimarse un poco para que la señorita se siente a su costado?
- Claro. Lo dije mirando con disimulo a la chica que sostenia en brazos a una niña de aproximadamente 2 años y que me apretaba con sus caderas hacia la parte lateral izquierda de la furgoneta.
La niña, empezó a jugar con mi oreja derecha y yo, a pesar de la incomodidad, sonreí con toda la sinceridad de un político en campaña electoral
- No molestes al señor,dijo sacándole la manito de mi oreja. La terca volvió a agarrarme la oreja.
Cuando el carro aceleró mi rostro se descosió por la parte izquierda pues la niña seguìa sosteniendo mi oreja. Giré mi cara para mostrarle mi ojo lleno de músculos color sangre. Ella sonrió más.
Decidí reposar mi cabeza contra el vidrio, pero el carró frenó terminando por despegar todo mi rostro, me quedé sólo en músculos pero la niña seguía sonriéndome sin soltar mi oreja derecha.
Amo a mis hijos, pero no estoy preparado para una niña que nunca quite la mano de mi oreja.