...diVagar...diVagar...

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Día de miércoles

domingo, 22 de octubre de 2006

Era casi un adolescente. Estudiaba en un cole limeño de curas en donde te obligaban a ir a misa todos los miércoles (día de miércoles, carajo!)...
Los curas sospechaban que a esa edad nosotros, los escolares, pecábamos sin excepción. Nos obligaban a confesarnos por lo menos una vez cada dos semanas.

No había pecado. Sólo lo de siempre. Ustedes saben, las visitas de la novia de casi todos los escolares: La infiel Manuela.

Ya estaba en la fila del confesionario y algo debía decir al cura. No era elegante decir "Me corrí la paja, padre". Suena feo aún hoy por más que mi mente trate de ser libre de prejuicios.

- Ave María purísima - dijo el cura.
- Sin Pecado concebida - respondí.
- Dime, hijo mío, cuáles son tus pecados.
- Padre, he...he...(tenía que buscar una palabra elegante para eso)...he fornicado.

El cura asomó la cabeza fuera de su cubículo oscuro. Me miró de pies a cabeza y me mandó a rezar muchos avemarías y padresnuestros.
Me pareció injusto que otros novios de Manuela tuvieran sentencias muchísimo más benignas que la mía.
Mucho más tarde me enteré del error semántico...

Vagabundo es con V de vaca

sábado, 9 de setiembre de 2006


Era una de esas tantas noches de fin de semana en que me sentía solo. Salí a un bar. Conocí gente con rostro difuminado. Me aburrí ya casi a las 5 de la mañana. Caminé hacia la calle para tomar un taxi y sentí que un perro vagabundo me seguía. Paré al taxi, abrí la puerta trasera y el perro subió antes que yo.
- Baja !
No me hacía caso.
- Bajaaaa !
Nada.
Lo llevé a mi casa, después de todo no tengo perro. Acomodé un sitio para que duerma y me fui a dormir a lo mío. Unas pocas horas más tarde, mientras tomaba desayuno con mis hijos, recordé que teníamos un perro.
- Hijos, tenemos un perro!!!...vamos a verlo.
Estaba echado y se veía cansado y bonachón.
Fuimos a comprar alimento balanceado, lo mezclamos con algunas de las muchas sobras que dejan los chicos pero él no quiso comer.
Abrí la puerta para que saliera a correr por el césped de las calles. Salió cabizbajo y no volvió hasta la tarde. Lo vi sentado en mi puerta y lo hice entrar.
Le di de comer pero no quiso. Le di agua y bebió sediento a muerte.
Se veia muy triste.
Tomé un taxi y, otra vez, el perro me siguió. Ordené al taxista que me lleve a la zona donde había encontrado al perro. Después de 40 minutos llegamos. El perro bajó feliz y presuroso. Volvía a su casa. Las calles de Barranco eran su hogar.
El es un criollo de piel blanca y manchas negras. Lo bauticé como Vaca y aún vive en ésas calles sorteando a enamorados, prostitutas, fletes, borrachos, narcotraficantes y solitarios.

Taquihuevo

martes, 30 de mayo de 2006


¿Por qué carajos tomé tanto?
Me levanté de la cama, fui al baño a mear pero el dolor de testículo iba aumentando.
Regresé a la cama. Sentí como si alguien me apretara fuertemente con una pinza mi glándula izquierda. Ya pasará, ya pasará el dolor.
No pasó. Aumentó.
Me quité los calzoncillos, quizás era eso lo que molestaba. No, no era.
Me abrí de piernas para liberar presión sobre mi testículo. El dolor aumentaba sin casi dejarme respirar.
Me levanté otra vez y fui al baño a vomitar. Maldita combinación de cervezas con pollo a la brasa.
Volví a mi cama.
Encendí el CD. Sabina cantaba como si gritara por mí, con su voz aguardientosa, el dolor glandular.
Corrí seis veces más al baño para vomitar hasta mi alma mezclada con bilis y otras sustancias amarillentas.
Me vestí y fui a Emergencias de la Clínica más cercana.
- ¿Su nombre?...
- Rafa..el Ant..tonio
- ¿Edad? ¿domicilio? ¿Pagará en efectivo o con tarjeta? ¿Tiene seguro?
- Señorita, me duele el huevo ¿se podría apurar?
- Señor, tengo que llenar todos esos datos; además las camas están todas ocupadas...
Fui al baño a orinar el agua destilada que me ofrecieron en un vasito de plástico.
Al volver, me indicaron que pase a la camilla seis.
- Bájese el cierre del pantalón. Me dijo una médico bastante guapa.
- Está bien doctora. Obedecí.
- No, bájeselo más. Mejor quítese todo incluso el calzoncillo.
- Mmmmm, está bien doctora.
- ¿Le duele aquí? ¿O aquí?. Me preguntaba mientras me hacia un tacto testicular.
- Esteeeee, doctora, me dolía aquí pero ya no me duele ahora. Le juro que me dolía.
La doctora me miró como se mira a un sátiro. Ordenó que me alcanzaran un vasito de plástico para dejar una muestra de mi orina.
- Doctora, acabo de ir al baño no tengo más que orinar.
- Tome más agua y espere.
Una vez más le hice caso. Dejé una muestra rojiza. Al verla, la médico me dijo que que acaba de alumbrar un cálculo renal.
Y ahora ¿qué nombre le pongo a éste?

Cuestión de medidas

miércoles, 17 de mayo de 2006


Después del martillazo...

Mi primera vez fue desconcertante. Usé hábilmente (no sé cómo) mi mano izquierda para jalar la palanca que hace que el asiento del copiloto se recline. Sin darme cuenta, estaba encima de ella. Jadeamos para empañar los vidrios del auto y así no ser espiados pero, igual, mi culo blanco, por falta de sol, ya era público a las 8pm.
- Creo que estoy por atrás?
- No, no, estás bien. Estás por adelante.
- Estás segura que no estoy por atrás? ...
Mi ignorancia me hacía imaginar que la altura de la vagina debería ser la misma que el pene...primera lección aprendida.
Al día siguiente fui a la universidad con mi erección permanente. Un amigo avispado se dio cuenta y me dijo
- Rafa, ya tiraste por primera vez ¿no?
- Cómo sabes huevón.
- Estás burro. Cuando lo haces por primera vez paras burro.
- Y qué carajos haces mirándome el pene, cabrón
- ¿Acaso tú no ves cuando meas el del otro?
No recordé sus palabras hasta mucho tiempo después. Al ir de juerga y de tantas cervezas me daban ganas de mear a cada rato. Ir al baño no era ningún problema hasta que empecé a mirar de reojo al de al lado. Las comparaciones son odiosas. ¿Por qué carajos ellos parecían tenerla más grande que yo?. Me quedé pensativo. Peor fue cuando fui a un hostal y en el cable pasaban una porno: Una rubia y un negro aventajado. Mi novia miraba atentamente mientras me desmotivaba el hecho de que el maldito negro tenga un pene inmenso. No quise ni mirar el mío.
Después de eso, evité mirar pornos y empecé a mear en un cubículo.
Más adelante pregunté a algunas amigas en distintos tiempos como haciendo una investigación de mercado
- ¿Es importante el tamaño del pene?
- No bobo. La cosa es que sea dura y que dure.
- Seguro que tu novio lo tiene chico y con esa respuesta lo tienes tranquilo.
- Deja de joder huevón. ¿Qué quieres que te diga?
- Lo que realmente piensas.
- Estuve con uno que tenía un pene inmenso. Alucinas visualmente, pero en el acto es incómodo.

Todo parecía estar superado para mí. Hasta que un día una chica me dijo al verme desnudo: "se nota que no eres negro". ¿Era necesaria tanta sinceridad?

Encuentro fugaz con Buenos Aires

domingo, 30 de abril de 2006

Cuando de La Rúa era el presidente de Argentina, fui a Buenos Aires a ayudar a
mi hermana que estudiaba medicina en la UBA....


- ¿Vamos a Disco? - dijo mi hermana
- Pero son las 11 am, demasiado temprano para ir a una disco.
- No, no...así se llama el supermercado.
Caminamos por las calles llenas de hojitas caídas de Buenos Aires hasta llegar a Disco. Compramos lo que necesitábamos y fuimos, con el carrito lleno, a pagar. Mi poca paciencia me hizo decir:
- Esa cola está demasiado larga, mejor la otra...
- No, no digas cola, mejor sólo fila. Aquí cola es poto (culo)
- Okey, Okey.
Hicimos la fila. Yo casi un provinciano, pretendía pagar con dólares, total el dólar es dólar en cualquier parte del mundo y se recibe bien siempre...además un dólar equivalía a un peso, que me den el vuelto en pesos ¿no?
- ¿Me permite consultarlo, joven?- me dijo amablemente la cajera
- Uhhh, ya llegué tarde -dijo una señora que estaba atrás mío
- Por la puta que la parió, esta tiene que consultar hasta esa pavada- dijo otra señora más atrás.
- ¿Están enojados todos aquí...por qué gritan e insultan? - dije
- No, no, así hablan aquí...es lo normal para ellos.
- Ahhhhh.
Después de las compras decidí caminar solo, mientras mi hermana iba a su departamento con las compras hechas.
- ¿Cheee, me podés decir dónde queda la calle Rivadavia?- Me dijo un traseúnte mirándome.
- No sé ni cómo se llama esta calle, soy peruano...
Sentí, que unas chicas voltearon al oír eso y una señora presionó su bolso contra su pequeño cuerpo para caminar casi corriendo...