
Era una de esas tantas noches de fin de semana en que me sentía solo. Salí a un bar. Conocí gente con rostro difuminado. Me aburrí ya casi a las 5 de la mañana. Caminé hacia la calle para tomar un taxi y sentí que un perro vagabundo me seguía. Paré al taxi, abrí la puerta trasera y el perro subió antes que yo.
- Baja !
No me hacía caso.
- Bajaaaa !
Nada.
Lo llevé a mi casa, después de todo no tengo perro. Acomodé un sitio para que duerma y me fui a dormir a lo mío. Unas pocas horas más tarde, mientras tomaba desayuno con mis hijos, recordé que teníamos un perro.
- Hijos, tenemos un perro!!!...vamos a verlo.
Estaba echado y se veía cansado y bonachón.
Fuimos a comprar alimento balanceado, lo mezclamos con algunas de las muchas sobras que dejan los chicos pero él no quiso comer.
Abrí la puerta para que saliera a correr por el césped de las calles. Salió cabizbajo y no volvió hasta la tarde. Lo vi sentado en mi puerta y lo hice entrar.
Le di de comer pero no quiso. Le di agua y bebió sediento a muerte.
Se veia muy triste.
Tomé un taxi y, otra vez, el perro me siguió. Ordené al taxista que me lleve a la zona donde había encontrado al perro. Después de 40 minutos llegamos. El perro bajó feliz y presuroso. Volvía a su casa. Las calles de Barranco eran su hogar.
El es un criollo de piel blanca y manchas negras. Lo bauticé como Vaca y aún vive en ésas calles sorteando a enamorados, prostitutas, fletes, borrachos, narcotraficantes y solitarios.
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Vagabundo es con V de vaca
sábado, 9 de setiembre de 2006diVaga otra vez R4F43L a las 10:49:00 a. m. 16 comentarios
Etiquetas Juergas, Mis hijos, Remembranzas
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